Hay dos claras corrientes de pensamiento diferenciadas sobre los resultados de la globalización económica de los últimos cincuenta años. Está quien destaca cómo han prosperado sociedades subdesarrolladas, véase China, hasta alcanzar salarios industriales similares a los de varios países europeos, y están quienes creen que sólo ha servido para enriquecer a unos pocos a costa de la explotación salvaje de todos los trabajadores del mundo, en particular los de esos países menos desarrollados. No son del todo excluyentes ambas valoraciones, pero Annie Le Brun está alineada firmemente con la segunda. No en vano, proviene del movimiento surrealista, que, si por algo se caracterizó, fue por su enmienda a la totalidad del mundo. Annie Le Brun Lo que no tiene precio Madrid, Cabaret Voltaire, 2018 Trad. de Lydia Vázquez Jiménez Hay que tener en cuenta esta premisa para enfrentarse a su ensayo Lo que no tiene precio, una obra cargada de rechazo absoluto hacia la mercantilización de tantas esferas ...
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